23.10.08

Carlos Alberto Ostolaza: Me nutro de los sueños... para alcanzar una obra original


por Rosina Valcárcel
Nacido en 1947, en los Barrios Altos, la Lima criolla y jaranera, Carlos Alberto Ostolaza es un pintor valioso que contra viento y marea abraza el arte, como quien se abraza a la vida. Vida y arte son para el una unidad indisoluble. En esta entrevista que le hace la poeta Rosina Valcárcel, su esposa, rememora algunos episodios de su existencia, sin olvidarse de sus orígenes humildes ni de sus años formativos ni de la bohemia oscura e intensa que lo acompañó durante un buen tiempo. Acá el resultado.


EVOCACIONES

Como una fotografía aún recuerdo la crueldad de mis amiguitos, quienes con palitos de fósforo sacaban de los ladrillos a las arañas y las enfrentaban. La araña que ganaba tenia muerte fija. Eso me daba ira y me sentía impotente. Más adelante dibuje una araña muerta y la resucité, fue mi venganza. Rememoro a un niño con un ojo postizo, creo que a veces se lo quitaba para jugar bolitas, me impactó y tuve miedo y preferí ya no juguetear con el pues cada bolita me parecía un ojo vivo.

El primer recuerdo que tengo de la Quinta Heeren está asociado a lo que tenía dicho espacio emblemático de los Barrios Altos: una piscina, una cancha de fútbol y mucho misterio. Era para los ricachones. Pero nosotros, mis compinches y yo, nos metíamos por las paredes, nos bañábamos, jugábamos pelota sin consentimiento hasta que nos soltaron veinte perros grandes y a correr se ha dicho.

MAMA ALICIA

De Alicia, mi madre, me maravillaba su voz. Ella cantaba boleros muy bien. Su sonrisa y ternura, que aún conserva, las tengo grabadas acá. Sólo una vez me castigó porque tome una tela de ella, era un paño negro, y me hice una máscara. A diferencia de otras madres de mi barrio, a mí ella no me pegaba. Intuyó mi vocación, me regalaba cuadernos Rafael y lápices Mongol, con ellos hice mis pininos. Carlos Evaristo, mi padre, también era cariñoso, pero era muy bohemio y eso no me gustaba, pues cambiaba de carácter, se ponía agresivo y me daba un poco de temor. A Ernesto, mi hermano mayor, le gustaba jugar y quería que yo compartiera con él sus juegos, se molestaba pues yo prefería dibujar. Teresa, mi hermana menor, era más afín, ella me daba materiales con los que hacía mis esbozos.

PINGLO Y LA ZURDA DE ORO

Barrios Altos significa mi ser, mi nacimiento. Soy zurdo como Felipe Pinglo, el nació en la cuadra 12 del jirón Junín y yo en la 13. Él tocaba la guitarra con la mano izquierda y yo el pincel con la zurda. Para mí es el Vallejo de los Barrios Altos, de Perú y del mundo. En Barrios Altos vivieron pintores como Aitor Castillo, Gamaniel Palomino, Fernando Sobero, Jaime Pezúa, incluso Humareda habitó mi barrio.

UN MUNDO LLAMADO BARRIOS ALTOS

Las amistades con los palomillas del barrio, de alguna manera, simbolizan mi vida. Recuerdo al «Marciano», «Raulete», «El huevo», «Raspadilla», «Cochinilla», «Quine» y o «El mudo». Estudiar en el colegio Ram6n Espinoza 448, fue una experiencia inolvidable, había rateros especiales. Ahí aprendí a ver el color de la realidad, de las paredes descascaradas que tienen la pátina del tiempo, donde la pelea sí era una guerra y había un ganador; donde los seres se conmueven y comparten un pan. He visto al poeta Cesar Calvo hospedado en la Huerta Perdida, la gente lo quería, pues era generoso y regalón. Hice amistad con Aurelio Collantes, la voz de la tradición. Soy de los Barrios Altos y devoto de la Virgen del Carmen. Todos los años van los mejores criollos a darle serenata, ahí comemos anticuchos, picarones y potajes criollos.

A menudo vuelvo al barrio, ahí vive mi mamá, en la Quinta La Candelaria y recuerdo mis primeros dibujos con yeso de pared, que arrancábamos para hacer los arcos en las pistas y hacer mis primeros dibujos con tiza o yeso. Donde un personaje como Toto Cadena, quien pasó fugaz por Bellas Artes, me enseñó a dibujar en las pistas. Nos contaba historias de un tesoro escondido en la Quinta Heeren donde había un duende. De una maleta antigua como un mago sacaba títeres y marionetas y les daba vida, éramos felices. Otro personaje que me atrajo fue «Arañita», pues caminaba muchas cuadras con las manos como si fueran pies. El «Negro Machete» fue otro personaje que conocí sentado en la iglesia del Carmen. Cuando nos portábamos mal Alicia nos amenazaba: «Ya va a venir el «Negro Machete», va a sacar su arma...». Tatán vivía en Barrios Altos, en las Carrozas, era el Robin Hood, pues obsequiaba plata a los pobres. Dulanto Matallana y sus primos buscaban a mi padre para tomarse unas aguas. Una vez llegó Tatán. Al visitar el barrio evoco mi mundo, me da nostalgia y tristeza, pues ya no están mis seres, es ahí donde llega la inspiración, me desahogo y pinto.
LA ESCUELA DE BELLAS ARTES

Yo ingresé a la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de Lima el año 1965. Los cursos de dibujo y pintura eran básicos; para aprobar tuve que aprender Anatomía, Perspectiva, Historias del Arte Universal y Peruano. Me enseñaron a ver el claro-oscuro, que el dibujo empieza por el claro para llegar al oscuro, al revés de la pintura que se comienza por el oscuro para llegar al claro. Aprendí grabado, xilografía, aguafuerte, punta seca, litografía y mural al fresco. Carlos Quispes Asín me dijo que yo dibujaba con muchas curvas, pero que a él le interesaban las rectas, y que debería aprender una técnica de mural más libre, ve la obra de David Alfaro Siqueiros, me aconsejó. Lo hice y me encantó. Siqueiros hacía mural a la piroxilina, es decir, pintura de carro. Evoco el misticismo, la poesía, el aroma a convento que tuvo la Escuela. Al entrar uno ingresaba a una suerte de convento silencioso, el de San Idelfonso, misterioso, donde había una campana. Yo no había reparado para qué estaba ahí esa campana, luego supe que anunciaba el cambio de modelo. Recuerdo las exposiciones permanentes hechas por los alumnos de los primeros y últimos años. Me llam6 la atenci6n el olor tan fuerte a aguarrás, tíner, óleo y la locura individual de cada artista concentrado en lo suyo. Entre las anécdotas, resulta singular aquella cuando estábamos velando en el Aula Magna a Ricardo Grau, pintor figurativo que trajo el abstracto a nuestro país, y de repente se cayó una parte del techo sobre nosotros, y nos asustamos, pero a la vez dijimos, «que tal fuerza del artista, no ha muerto». Otra, graciosa, cuando la bibliotecaria Marina Schereiber le dijo a un joven que para poder recibir un libro se lavara las manos pues estaban manchadas con óleo, y el alumno incómodo y tímido se retiró; ése fui yo.


MAESTROS

Aunque la memoria suele ser frágil, reconozco a varios artistas como maestros. Miguel Ángel Cuadros fue mi primer profesor de Pintura, con él aprendí la valoración de los tonos, la armonía y a dibujar con el pincel y con el color. Alberto Dávila también, me enseñó que la pintura era color y el tema debería ser libre, sin ninguna anécdota, lo que no me agradó. De Sabino Springuett, aunque pasé per su taller corto tiempo, aprendí con el la composición áurea y a dibujar de memoria. Lo considero uno de los mejores paisajistas peruanos. Alejandro Gonzales Trujillo «Apurímak», era cesante, sin embargo iba a la Escuela y yo le preguntaba qué le parecía tal cuadro; y él respondía con humildad, pero con firmeza: « Está bien todo, pero es muy barroco, de un cuadro pueden salir varios, deberías organizar mejor la composición». Eso sólo te lo dice un maestro de verdad, más aún cuando estás en proceso formativo. Él me advirtió: «Los grandes como Durero y Picasso han bebido de las fuentes de lo precolombino, de lo andino y de lo popular, y el artista peruano debe tener en cuenta sus raíces. Ser popular, auténticamente popular, no es fácil; ser popular es ser universal. Cuando vayas a los museos de Europa, ponte a distancia, para que no influyan demasiado ni tan rápido. Cuida tus ancestros».

Cuando le pregunté a Apurímak sobre un cuadro de Dávila, me dijo: «Es un pintor de muñeca y efectista, sus colores son crudos en ese trabajo, mira bien, tiene el color del limón crudo...» . Y me quedé pensando. Bruno Rosselli, florentino de edad avanzada, conocido como «El loco de los balcones», enseñó Historia del Arte Universal, me quería desaprobar por mi poca asistencia a su curso, pero cuando vio un dibujo mío, me dijo: «Ahora sí nos entendemos, tienes tu nota, pero tu dibujo es mío» . También Manuel Ugarte Eléspuru me enseñó grabado dentro de la técnica de xilografía. Hice mi «Mamacha» y convenció. Asimismo «San Cristóbal del Cusco> y un «Autorretrato». Manito Chávez fue uno de los egresados que me enseñó el a b c del arte, y me contó las chapas-motes de los profesores «exigentes».


INFLUENCIAS

Cuando tenía 8 años en mi casa vi un cuadro inmenso de Daniel Hernández, me llamó la atención pues el tema era un fauno negro con patas de cabra inclinado tocando flauta y la bella mujer blanca con cabellera rubia, al fondo un paisaje con árboles y un río. El cuadro era liso y empastado, o sea clásico, acádemico y en parte expresionista. Ya en la Escuela te ponían varias postales para aprobar el examen de ingreso, yo supe quien era Dalí, Sérvulo, Humareda. Adentro me impactó el brasileño Cándido Portinari, pues su expresionismo social, los temas de inmigrantes, favelas, cortes de manos, conmovían al público.

De los pintores peruanos prefiero a Sérvulo Gutiérrez; de los europeos me gusta Picasso. Admiro la época expresionista del colombiano Fernando Bottero, ahí noto influencia de Cuevas. El colombiano me trae loco por sus grandes formas infladas, su modo original, lo gracioso que es, lo ingenioso; me hace reír y me emociona. El mismo Guayasamín cuando está influido por Tamayo alcanza sus mejores logros. Siqueiros, Orozco me marcaron por la fuerza de la línea y por el buen dibujo. Sus temas figurativos y de compromiso me enternecieron. Aprendí que un pintor cuajado tiene que tener buena composición, buen color y mucha vida real para que los temas alcancen universalidad. La etapa azul y el cubismo de Picasso signaron mi formación, pues bebí su fe y su retrato social de personajes marginales y pobres, descalzos, el azul desolado casi dramático, desamparados y aislados de una sociedad injusta.

El cubismo renovador, arte del siglo XX, me dio la idea de que por los planos uno limpiaba su color y hacia más irreal lo que veía y me enseñó lo contrario, lo que es la frialdad en la pintura y que también se pueden hacer collage en función de la idea inicial. La escuela surrealista de Dalí era analítica, casi figurativa, onírica, con aplicaciones de cosas reales elevándolas a la irrealidad. El surrealismo de Magritte me impactó, en una habitación veía una manzana inmensa y aplicaba la realidad absurdamente más irreal que nunca, unos zapatos con tacos terminados en dedos y uñas, me dio escalofrío y me fustigó.

Pero quiero decirte que de Oswaldo Guayasamín me impactó siempre su grandiosidad elocuente y su deformaci6n deliberada alcanzado la forma y el formato del afiche. Él se nutrió del compromiso político de los muralistas mexicanos, sobre todo de Orozco, ello me conmovió. De Orozco me estremeció el tema de su mundo bajo, lleno de personajes marginales, donde transitan prostitutas silueteadas con una línea muy expresiva sin desdeñar lo clásico, y cierta influencia de Goya. Pero en este listado un poco desordenado, quiero subrayar mi gusto por el boceto de Sérvulo Gutiérrez, interminable y por el primer Cuevas; en especial, ellos han influido mucho en mí.


LA PINTURA CON MAYÚSCULA


Todo lo aprendido en Bellas Artes no fue suficiente, faltó el sentido practico y aprender otro idioma. He sido un pintor marginal, auténtico, un pintor de las calles. Aun sigo estudiando la realidad, me comunico con la gente mas sencilla, humilde y aprendo. A mayor realidad mejores cuadros. Frecuento exposiciones en Lima y provincias para neutralizar el ego juvenil de la competencia que naci6 en Bellas Artes; para aprender de otros, pero protegidndome, para no influirme de sus estilos, colores y composiciones.

Una de las experiencias que mas me impactó fue ver a Humareda dibujar en la calle La Bajada de Santa Clara y Molino Quebrado, y dije en mi interior: «Yo quiero dibujar así», tenía sólo 18 años. Una posterior, a inicios de los '70, fui a Quito a ver pintar a Guayasamín «Las manos de la angustia» en Batan y Pichincha. Me transmitió, que la obra con creación tambien puede tener un compromiso social y aportar. Dos años después, estaba pintando « El puente de los suspiros» y me produjo una emoción grande, cuando un coleccionista se me acercó y quiso adquirir mi cuadro y le dije que no, pues no estaba terminado. La satisfaccion mayor para un pintor como yo ha sido que hayan adquirido mi obra urbana y paisajfstica, por ejemplo « La Quinta Heeren» , o La Iglesia del Carmen> (Lima), « La iglesia de Huanchaco» (Trujillo), «El puente de Tumbes», «Los manglares» (Tumbes), oLunahuana» (Canete), «Los portales Carrizos con la Iglesia de San Cristobal>> (Cusco), etc.

EL RETRATO
Una experiencia ingrata fue haberme sometido a pintar retratos por encargo, sólo lo hice para poder sobrevivir y seguir pintando. Creo que mientras más parecido fotografico tenga la persona-modelo, se niega el arte. En varias ocasiones me han ofrecido ejercer la docencia o que sea dibujante grafico, publicista, afichista, caricaturista. Algunas veces no me negue, mds de una vez he ilustrado libros de los poetas de mi generacion. Sin embargo, no he renunciado a ser un pintor a dedicacion exclusiva, aunque haya padecido hambre y necesidades.

LAS DE ARENA

Cargo tres frustraciones, la primera, la de no realizarme como muralista y escultor. Hace anos, la ley dada per el Congreso de que todo edificio piublico tenga un mural a la vista del publico, no se aprobo, y solo quedo en proyecto. Y, quedo mi mural al fresco llamado «Tayta Inti» al frente de la Iglesia La Legua en el Callao. La segunda, ni el Estado ni Bellas Artes han reconocido mi Tabajo profesional que lleva mds de tres decadas. La tercera, la de haber expuesto mds de cien veces en forma colectiva e individual tanto en el Peru como en el exterior y no haber sido recompensado. LComo puede un artista seguir trabajando sin contar con economfa minima, un auspicio, una beca? Me considero con un don especial y una fe singular que se expresan en mi capacidad de resistencia, en mi terquedad y apuesta mfstica por el arte y la pintura libres.

LA POETA JULIA FERRER

La conocf en el otono de 1970. Aprendí de ella que con un gesto el mundo puede cambiar. La primera vez que la vi llevaba una blusa negra y pantalon blanco, llena de pulseras sonoras a to Frida Kahle, y justo en ese instante se le rompio el taco del zapato y no podia andar. Me acerque a la desconocida y le ofrecf solucion, vole donde el zapatero quien dijo que to arreglaria en 2 horas, pero yo le pague el triple y lo hizo al instante. Ese gesto impresiono a Julia y me valio su amistad. Al ano empezamos a salir juntos. Julia era el color de mi vivir, el sumo de las aves, ella se plegaba como unas hojitas para dibujar sus drboles, era creer en Dios, era el sumo del amor. No era la plebe, era un palacio de palabras, un castillo habitado per todos los poemas, que jamds el amor hubiera sido mancillado por el pueblo. Nos gustaba almorzar en el Cordano, el Chalaquito del Callao, el Queirolo de Lima, el Wony, el Curich. Ibamos a los cines Alfa, Mexico y a los cine clubs del Ministerio de Trabajo y del Museo de Arte. Le agradaban Greta Garbo y Jorge Negrete, sobre todo cuando cantaba: «Yo soy mexicano». Es que ella estuvo en México, e incluso tiene una hija mexicana, Julia Ramírez, aparte de sus hijos Marco Rivarola y Laura Bracamonte. Julia me enseñó: « Si el amor se va, busca otro, si se te va sigue buscando hasta que encuentres otro». Fue uno de los seres más libres que he conocido.

MI BOHEMIA DURO 25 ANOS

A partir de los 25 anos, en 1971, me enfrasque en una bohemia muy fuerte, compartiendo tertulias con mis companeros de Bellas Artes, Manito Chavez, Hector Arnao, Jesus Cueto, Antonio Osores y el gitano Mojica. Ibamos al bar « La Arequipena» que quedaba en el mismo jir6n Ancash. Ahf bebfamos cerveza, trago corto y saboredbamos platos tfpicos, ocopa, criadilla. A veces Ibamos desde las 11 de la manana hasta que cerraban 10 y 30 a 11 de la noche. Cuando se acababa la poca plata que tenfamos, dejabamos nuestras creaciones a cambio de comida y trago. Luego quise mudarme a otros ambientes y asf llegue al bar Zela, conoci a Gino Cueeo, vi beber a Martin Adán y una noche los mozos me propusieron que tomara « el trago de todos» y per primera vez me caigo al suelo privado, me la hicieron. En el bane habla un Cristo hecho por Sérvulo, él ya había muerto. Luego conocí los bares El «Chino-Chino» , « El Palermo» y « La Llegada» . Entonces conversé con Eleodoro Vargas Vicuna y con César Pereyra. Después llego al «Wony» donde conozco a poetas y pintores de las generaciones del '60,'70 y posteriores. Ahí conocí, por ejemplo, a Pancho Izquierdo López, Roger Santivánez, Armando Arteaga, Chacho Martinez, Hudson Valdivia. Termino en «El Queirolo» , errante, me integro a la vida mundana de los anónimos y marginales. Conocí Tambien a los poetas Juan Cristóbal, Juan Ramirez Ruiz, Carlos Jallo y Oscar Malaga. Tambien a Gr6ber Gambarini y Ricardo Zapata, el escultor. Con ellos he bebido y dialogado. A otros personajes excentricos como Pedro Patas (Pedro Feijó), llegaba diciendo que tenfa una sesssssssesssessasssa, fumaba y tomaba como un descocido, era el más feliz, cuando muy ebrio se iba decia: « Companeros viva el Apra, carajo». También a Cordero y Velarde, quien decía «afire, tierra y profundidad». En los anos '70 en la Casa de la Cultura vi a Doris Gibson, me impactó, pues sus labios estaban pintados con un rojo encendido, que resaltaba con su piel blanca y el contorno de su cuerpo. Entre los amigos poetas, a Jorge Pimentel lo vi en la calle Quilca discutiendo, desde ahí somos grander cómplices, el es humano, locuaz, ingenioso y entretenido. En « El Tivoli», Julia Ferrer me presentó a Juan Gonzalo Rose. Mi bohemia duró 25 anos!Después abandoné esa vida y me he concentrado en mi obra. Realmente el alcohol en exceso fue ociosidad y destrucción. Después de estar casi muerto un cuarto de siglo, me enamoro de ti y aquí me tienes. Ha sido una batalla titanica. Con algunos doctores amigos aun seguimos luchando para no retroceder.

ALEGRIA Y COLOR

El arte ha dado la dicha de vivir y hacer vivir a personajes reales y ficticios. La pintura me persigui6 siempre desde nino, despues del dibujo inicial. Cuando empece a pintar sentf algo raro en mi sensibilidad. Cuando llegu6 a Bellas Artes fue una alegrfa conocer a los maestros de la pintura peruana, que me aconsejaron. Aunque no to creas, conocer el Cusco ha sido muy importante para mi. Ahf conocf al poeta Luis Nieto, al pintor Lira, fundador de la Escuela de Bellas Artes del Cusco. Pintar mi primer mural at fresco, con la tecnica renacentista, «Tayta Inti» , que estd en la casa del profesor Villacorta Paredes, al costado de la Iglesia de la Legua, me dio un sentido de trascendencia hist6rica. Ese mural, en parte, se to debo al Cusco. Tuve el jiibilo de conocer a latinoamericanos y conversar con Guayasamfn y Cuevas, dos serer antag6nicos, diferentes. El ecuatoriano me ensen6 la pintura y el mexicano, el dibujo. La satisfacci6n de poder llevar al lienzo el color gris de Lima tan rechazado por los pintores que ponen colores falsos viviendo en la capital. Verificar que el color tambien puede ser la alegrfa, el amor y un beso rojo de un rojo magenta que debe ser autentico y no copiado En la ruta del ante no todo es estetico, se da el afecto amical y se hallan los verdaderos amores. Estoy convencido de que mi pintura fue to que atrajo a mis dos poetas, mis unicas poetas y musas, eternamente agradecido.

EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS

La dicha de tener los sentidos bien puestos en la realizaci6n de una obra, como pintar los retratos de los padres o de los seres amados, que da la experiencia del trabajo constante hecho con fe, constancia, pasión, respeto. En 1999 fui a Panamd, me gustó apreciar los murales de mi colega y amigo Carlos Alberto -Gonzales Palomino. Expuse en la Casa Azul con buena aceptación, adquirieron varios trabajos mfos. En la isla Taboga, donde estuvo Gauguin, pinto su bello paisaje. Esas pequeñas sensaciones alegran la vida.

TENDENCIAS

Me da la sensaci6n de que la pintura abstracta tiene reds acogida porque es una escuela occidental que silencia la realidad latinoamericana, marcada por los signos de la pobreza y la desigualdad. Para mi la pintura abstracta es un ciumulo de cuadros que decoran las paredes de los millonarios. Creo que no dice nada el arte abstracto. Me parece que ahi no hay contenido ni emoci6n. Sin embargo, reconozco el esfuerzo de aquellos que tienen base constructiva, que dejan huella como Joan Miró, Klee, Pollock, en el país nuestro Ricardo Sánchez, olvidado.


EXPRESIONISMO
Mi pintura siempre ha buscado exagerar el carácter de las cosas y la gente, en especial los rostros y las manos y sacarle el alma y darles mil vidas. Utilizar el negro en el dibujo y sobre todo los colores de los ambientes sórdidos, a veces repugnantes, la imagen de un Perú sin crecimiento ni armonía. Me asocio a un expresionismo cinético, le doy movimiento, invento colores, ese es mi aporte al expresionismo, buscando siempre una originalidad, que se da en la obra. Si pinto, zpara que hablo? Mi trabajo, aparentemente no es realista, no reconozco un limeño en mi creación, porque lo desnudo y lo transformo en un cholo universal. Hay dosis de surrealismo, pues también me nutro de los suenos para alcanzar una obra original.

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