8.10.08

POQUITA FE 2008

Ayer empezó el POQUITA FE: III ENCUENTRO DE POETAS LATINOAMERICANOS EN SANTIAGO DE CHILE. Hoy se realizaron algunas lecturas y conferencias interesantes: Roberto Echavarren habló sobre poesía y globalización, Alan Mills sobre la nueva poesía guatemalteca, Augusto Rodríguez sobre la poesía ecuatoriana y Jessica Freudenthal sobre la boliviana. Además se presentan (dentro de unas horas) la editorial Tse tse, del gran poeta y editor peruano-argentino Reynaldo Jiménez y el Billar de Lucrecía de la poeta mejicana Rocío Cerón (que luego se viene para Lima a presentar su libro Imperio). Mañana jueves Paúl Guillén hablará de los nuevos poetas jóvenes peruanos y presentará el poético Sol Negro Editores (Amorfor. Airado Verbo). Pablo Paredes y Luis Felipe Fabre hablarán del caso de Chile y México respectivamente.

El POQUITA FE recién comienza. Que este segundo día de poesía sea el doble de intenso que el anterior, y así sucesivamente. ¡Qué viva la poesía y el carrete en Santiago!

Porque recordar es volver a vivir a continuación les dejo la crónica que escribí acerca del POQUITA FE 2006 para la revista Lapsus Collage Editorial. Un encuentro poético inolvidable.

Desde Salida al Mar en Buenos Aires, trazando la línea horizontal por las pampas templadas para llegar al Poquita Fe en Santiago, viajando por la orilla costera al lado —o encima— de la cordillera para el Novísima Verba en Lima y otro gran trazo cruzando el Océano Pacífico hasta el Estoy Afuera en el DF. Los festivales latinoamericanos de poesía joven se encuentran. Los poetas viajan con sus propuestas, experiencias, proyectos y búsquedas. Se produce la comunión ciudad-individuo y se inician historias.
Hace unas semanas se realizó el desborde de fe del Poquita Fe. Santiago albergó y escuchó atentamente por seis días las líricas de jóvenes poetas provenientes de varias partes del continente. El Festival fue un intercambio, una interiorización, una intermitencia, un internuncio, una interpelación, una interposición, una interpretación y un intervalo de tiempo para deslucir los internados de la región.


Santiago de Chile, domingo 8, 19 horas. Gregorio Alayón (Chile) fue el primer poeta que abracé, me recogió en la estación del Metro. Unas calles mas adelante Héctor Hernández Montesinos (Chile) alcoholizado me daba un calurosa recepción en una esquina. Unos pasos más, en la casa de Galo, una mesa de muchos libros y muchas voces esperaban. Un trago de mi primera cerveza chilena. El cansancio tenía que esperar desde ese día, siete días más. Luego de unas horas, íbamos rumbo, guiados por Pablo Paredes (Chile), al Espantagruélico, bar poético permanente para la trasnoche. Esa noche de primeros sobresaltos la pasión rondaba a los jóvenes poetas. Esa noche Nicolás Alberte (Uruguay) vulneró el noveno mandamiento y se enamoró perdidamente por unos días. Esa noche Ernesto Carrión (Ecuador) vulneró los límites del sueño, y perdió su billetera.

Santiago de Chile, lunes 9, 15 horas. En el almuerzo las experiencias de Pablo Paredes - tengo una foto con Menen y estuve viajando con las mujeres menenistas. Conocí a un diputado chileno en una tormenta y fue a mi lectura en Méjico, entre otras no reproducibles por su extravagancia y megalomanía.- y un mini debate acerca de las nacionalidades que nos convirtió a Nicolás y a mí, en uruguayo y peruano de mierdas, nos ayudaron a la digestión. A las 17 era la lectura inaugural en la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), compartiría tribuna con Cuaderno de Agua de Jorge Solís (Méjico), Las cosas a descansar de Laura Lobov (Argentina) y Vacío en partes iguales del uruguayo de mierda. Mi pánico escénico dejaba de ser intuitivo.

Santiago de Chile, La Chascona, martes 10, 12: 30 horas. Chascona significa despeinada. Leía nuevamente, esta vez del inédito Polisexual. Una especie de balcón atravesado por una rama era el escenario. Esa tarde nos atravesaban los inquietantes instantes de Litane de Alejandro Tarrab (Méjico), Violeta Kesselman (Argentina) silabeaba la forma visual de sus poemas, Víctor Hugo Díaz (Chile) sacudía la urbe, Alexander Ríos (Colombia) nos hablaba de las monedas falsas y nos repetía el valor del tiempo, Pablo Paredes (Chile) dedicaba un poema al responsable de la Fe, el único uruguayo hasta la fecha nos daba un vademécum y Raúl Zurita, maestro a quien ese instante di el último ejemplar de mi trascendencia, metía la mano en el sombrero de la historia para perennizar esa imagen.

Esa tarde, luego de la chorrillana (papas, carne, huevos, cebollas) y las escudos (malta de cebada, lúpulo, agua, alcohol), el patio de la facultad de Derecho de la Universidad de Chile era escenario del segundo concierto poquitafeniano de la tarde. Entre la calle y la facultad nos contemplaba el fresco aire santiaguino. Otras escudos en lata, un brindis por el buen clima y la poesía visual de mi amigo Germán Gana (Chile) y comenzaron las baterías de Rodrigo Flores (Méjico).



Era noche de performances. La espontaneidad hacía lo efímero imperecedero. El Espantagruélico era el fin de la maratón de ese día. El ruido se confundió con la poesía, se cansaron los oídos, las lunas se empañaron, el carrete (1) se apoderó del mundo, la neblina garantizó pocos recuerdos. Me desperté, aún de noche, con una copa de vino brindando con mi anfitrión Héctor Gonzáles. La casa de Héctor y Scott Meier me albergaba. Ellos (pareja profesional y creativa de la productora Giriaca(2)) comenzaban a tramar lo que sería el punto de permanencia más exacto del festival. Un audiovisual.
Santiago de Chile, Casa de Héctor y Scott, miércoles 11, por la mañana. Me desperté sin recuerdos y sin resaca, vi a mi alrededor mi voz ronca y deshidratada. Me desperté sin sueño, oí a la calle entrar tirando la puerta. Me desperté para curarme de la nocturnidad con un poco de miel y limón. Felizmente que no leía hasta el jueves, tenía tiempo del antídoto. Esa mañana los videastas/anfitriones me grabaron desnudo en una bañera - según Alberte llena de champagne y leche de cabra- leyendo el poema de la axila al ano para su film del festival. 14 horas. Me recosté en el pasto de la Universidad de Santiago y percibí la fotosíntesis de Ramón Peralta (Méjico), volví a imaginar el revolcón con la rabbit de María Eugenia López (Argentina). Carrión me invitó un vaso descartable de vino, se sentó a ver el complejo panorama de las "Poéticas Actuales en Latinoamérica" y volvió a vulnerar los límites del sueño.


Santiago de Chile, SECH, miércoles 20 horas. Un feliz encuentro con Abyecta (Chile), entre los ritmos violentos de Rodrigo Gómez (Chile) y la cadena limenticia de Ana Mazzoni (Argentina), renovó los bríos. Nada más necesité un asado con papas fritas y la noche continuó salvaje. Eran las 23:30 en el bar para la poesía y la trasnoche, mi voz seguía decayendo, otro era el espacio para los ritos. El segundo piso se había convertido en el lugar oscuro y viejo para las voces nuevas. Rodrigo Olavarría (Chile) capturó mi desidia por el conocimiento mientras apostaba un poema con Dora Moro (Méjico). Un extraño presentimiento me condujo a la zona de fumadores. Los humos apasionados calmaron mis pulsaciones. El baño alusivo a lo raro y bizarro con imágenes de Saudek quedaron en mi memoria.

Santiago de Chile, casa de Víctor Hugo Díaz, jueves 12, 15: 30 horas. Una reunión de frijolitos con carne, una de las delicias del viaje. Mucho vino y poca poesía - felizmente-, mi voz susurraba en medio de los maravillosos recuerdos de Víctor Hugo acerca de las correrías nocturnas que tuvo en la última visita de Roger Santiváñez, el clima daba sus primeros golpes. Tras el almuerzo, mi disfonía tenía que terminar, me propuse acabarla a la mala. Para mi suerte me encontré al dueto ecuatoriano Luis Carlos Mussó (recién llegado para auxiliar a su corredor bucal) y Carrión en el camino al SECH. Les propuse un ron (palabras mayores en Chile). Mala idea, no lo acabé y me invadió el cansancio prestado de anoche. Me fui a echar una pequeña siesta, leía a las 23 horas en el Espantagruélico. Mi habitación, viernes media noche.¿Qué hora serán? Habré dormido mucho.¡ Carajo 12 a.m! Corrí con la cama aún encima y sin voz. La siesta aguijoneó mi garganta. Llegué al bar y el nuevo ambiente preparado para las lecturas era desolador. Todo había concluido. Me sentí enfermo por primera vez, miré a mi alrededor la gente bebiendo y riendo y me fui a casa.
Mi habitación, viernes 9 horas. Te visitan. El dueto ecuatoriano organizaba un recital en mi habitación. Viernes 9: 30 horas. Se unió Lucía Bianco (argentina y compañera de piso de donde vivía) con su Diario de exploración, por el lapso de tres poemas. 10 horas. Se unió María Eugenia y nos fuimos a desayunar vino. La lluvia de la intemperie mojó nuestros pasos y no paró hasta empapar las medias. Al regreso, una cola para el casting del film "Poquita Sed" pasaba los decibeles soporíferos. La productora Giriaca hacía sonar cada verbo en cada lugar verbalizado. Cada estación en la frecuencia de cada origen. Cada uno esperaba el registro digital del ojo de Héctor Gonzáles. Mañana era el estreno.

16 horas. Rodrigo Gómez nos representaba el matrimonio de Héctor Hernández Montesinos con una argentina, al mismo tiempo que salpicábamos nuestra prisa hacía la lectura de la universidad de los jesuitas. Ligia Dabul (Brasil) desaprobaba la negativa del novio y la acción de tirarle un rayo a la novia mientras María Eugenia se regocijaba en evidente complicidad. Bajamos nuestros paraguas y encontré al maestro Roberto Echavarren (Uruguay), recién llegado al trajín santiaguino. Luego de mi disfrute por la exposición de Echavarren acerca del viaje ayahuasquero psicotrópico Perlongher, viajamos, esta vez, por la novelesca poética de Javier Norambuena (Chile), nuevamente por los golpes de R. Gómez y por el artificio de Antonio Silva (Chile). En la segunda mesa la hacíamos de guías; Diego Ramírez (Chile) de inquietante destemplanza, Harold de barroca arquitectura, Yo de ronquera breve y, por segunda vez, el maestro uruguayo recién llegadito. Oscurecía Santiago mientras llegábamos a la lectura del SECH con una caja de Gato Negro, llegué a ver el pin up de Virna Teixeira (Brasil) y me quedé con las hojas de las viudas suicidas de Inhala_mbrica (Danitza Fuentealzar, Iquique), mi voz empezaba a curarse y llegaba a un acuerdo con el clima y con el vino; "déjenme voz sólo para esta noche, mañana se la pueden llevar".
23 horas. Subí al segundo nivel del bar de siempre y otra puerta que no había advertido antes iniciaba un nuevo espacio, más grande, de toldo festivo, sillones generosos y velas de candelabros. Paula Ilabaca (Chile) en medio del festín decía lo que Lucía decía entre las luces sonoras de su Ciudad en la presentación de su libro y disco. Luego vendrían los libros de Ramón Peralta. Luego leería. Luego vendrían las salidas del closet y la adhesión al pensamiento polisexual de varios de los asistentes. Luego vendrían mas voces altas de apoyo. Luego Nicolás Alberte, como Lizelot, se uniría a la tendencia. Luego leería Carlos Araoz (Iquique). Luego María Euge se envolvería poéticamente en su túnica de cueros. Luego las velas se soplarían y continuaría el carrete.

Parque Forestal, sábado 14, 8 horas. Buscando la deportación (está prohibido beber licor en las calles y los parques de Santiago) se acabó el vino. Hace un momento se nos iluminó Santiago, Rodrigo Gómez guardó la copa robada del bar y cruzamos zigzagueantes el Mapocho. El Rodrigo mejicano se podía ir en el Metro.

14 horas. Almuerzo: un exquisito pastel de choclo hecho por KiKe, música de Felipink y la premiación de los "Poquita Fe Awards". Gané el premio a "mejor - y único- strip tease encima de una mesa". El vino corría su cuenta regresiva mientras Laura Lobov narraba nuevamente su huída del departamento de Andrés Calamaro.
24 horas. Conciertazo del Parker y su Ropa Americana. 01 hora. Nos cierran el bar porque se acabó la cerveza y por otros oscuros intereses. Felipink y Plutón no pueden dar su concierto. El público se desconcierta. (El Parker denuncia la situación en un mail). 02 horas. Encontramos otro bar con suficiente espacio para 30 personas. Última mesa de tragos para los últimos bailes de primeras despedidas. Últimas fotos de algunos buenos amigos; Gladys Mendía (Venezuela), directora de la revista "poetas del 5", sonríe para siempre carismática. Ligia Dabul y Virna Teixeira, planean su carnaval poético en Río. Los santiaguinos; Juan Carlos Vidal, el de los últimos archivos temporales de Poquita (poemas acerca del festival), toma las instantáneas, Oscar Saavedra, el cinéfilo underground con el que tuve mi primera gran charla (cuando aún tenía voz) posa junto a Alexis Donoso (al que le encantaba mi voz ronca de vida) como en un película de gansters. 04. Estoy al costado de un horno ambulante comiendo una pizza, algunos consumen completos (hot dog, tomate, palta y mayonesa- ¿sabían lo importante que es la mayonesa en Santiago? no tiene el mismo nivel que la mostaza y el ketchup). Ya no hay licor y no existe lugar donde comprarlo. Caminamos. Estoy frente de donde vivo. Le regalo un sol peruano a Carmen Martin (Chile). Un empujón y subo a un bus. Me duermo en el hombro de Dora Moro y despierto en la barroca casa del poeta-narrador- Felipe Becerra. Jorge Solís se mueve en el sofá del frente, al pie de este, el colombiano del valor del tiempo se levantaba de la cama de alfombra. Héctor Hernández aparece chascona mientras decidimos con Solís hacer una antología de las poetas que se retocan con photoshop para el internet.

Santiago de Chile, domingo 15, 22 horas. La infructuosa búsqueda de un café con piernas -o cabaret o night club- abierto por el centro de Santiago nos da hambre. Mañana en la mañana partiría a Lima en un largo viaje por la franja costera, la nocturnidad santiaguina nos lleva por la calle Catedral, (ya) no había ningún peruano(3). Llegamos a La Moneda y el aire nos pesó, un 11S del olvido mundial se encontraba en el lugar. Subimos al bus de fin de jornada. Un fuerte abrazo con Ramón Peralta y subo a descansar a mi habitación del tercer piso hasta el día siguiente.
Toc toc toc huapaya estás durmiendo- eh, no- ¿estás muy cansado?- ehh, no- bueno, entonces vamos con Scott a un bar a despedirte en tu última noche - ehhh, sale. (H. Gonzáles, media hora después).

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1 Carrete : Fiesta en Chile.
2 Productora Giriaca: Es la conclusión de un encuentro en un bar español. Scott Meier es un giri y Héctor Gonzáles es un sudaca. Resultado: Giriaca.
3 La calle Catedral (al costado de la Catedral) es el lugar donde se reúnen los peruanos para ser empleados por los chilenos.

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