4.11.08

Héctor Hernández Montecinos sobre Fuego abierto. Antología de la poesía peruana compilada por Carmen Ollé


Los poemas no tienen porque dar placer o goce sensorial, de hecho los poemas no están obligados a nada, y esa autonomía con respecto a las emocionalidades de turno, tanto de autor como lector, enriquece la distancia, la zona muda que hay entre la ficción y la vida misma. El silencio con respecto a sus propias emociones, hace que el poema tenga un carácter catatónico, como si no tuviera vida propia, pues se la roban quienes lo leen, y luego que el libro se cierra su libertad se hace infinita nuevamente y la ficción de su existencia lo convierte en literatura, porque solamente un libro cerrado o no leído es literatura.


Este misterio provoca una fascinación inconmensurable, y no así la belleza que es una trampa fácil, en efecto, lo bello no tiene que ver con los poemas más que el color de la tinta o el tipo de papel, pues la muerte es más bella que la vida porque no la vemos, es sólo un medio y justamente ahí radica la fascinación de tantos siglos de escritura sobre ella, ya que cuando es entendida como finalidad es el grado cero de sí: Nada. La poesía sabe que no lo es. El misterio es encantador. SEGUIR LEYENDO

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