27.1.09

LA SEVICIA CON MASCARÓN DE DIOS


por Alejandro Sánchez-Aizcorbe y Marcela Valencia Tsuchiya
A Claudio Cano Paredes, que no se arredra

Acierta Galeano en su artículo "Operación plomo impune". Más allá de discrepancias menores y lógicas, es evidente que lo que ha sucedido en Gaza es un genocidio. Recuerdo el recital de repudio a la masacre de Sabra y Shatila —supervisada por Sharon— que realizamos en el Teatro La Cabaña de Lima. Y me pregunto qué ha pasado con nuestra capacidad de indignación. ¡Organicemos uno por Gaza! No hace falta esperar que un novelista palestino escriba el equivalente a Mila 18 de León Uris, libro que leí en Tel Aviv a los diez y nueve años, cuando empezaba a enterarme de la cuestión palestina.


También es de lectura obligada Israel Lobby and U.S. Foreign Policy de Stephen Walt y John Meahrsheimer (2007). Creo que existe una traducción al castellano. Obama, antes de ser elegido, le aseguró a dicho lobby que Jerusalén es la capital indivisible de Israel.


Que Obama no olvide los "Consejos de Mario Bunge al presidente Obama", porque si los pudiera cumplir salvaría a su país y al mundo de una catástrofe peor que la que ya estamos viviendo. Entre esos consejos me permito destacar el desarme de Israel —comenzando por sus bombas atómicas—, Palestina, Siria y Líbano. Así como la matanza de Gaza y la del Líbano han sido genocidios, no existe ninguna justificación para que Hamas se escude en mujeres y niños para lanzar misiles contra la población civil de Israel.


Aquí, en Estados Unidos, no faltan en las bibliotecas tratados sobre el intervencionismo del tío Sam y su apoyo a dictaduras, y sobre los crímenes de sus servicios de inteligencia en los países del Tercer Mundo y contra los mismísimos ciudadanos de Estados Unidos. ¿Por qué los intelectuales y escritores latinoamericanos que estudian o trabajan aquí no se atreven a decirlo? Por la misma razón que los periodistas de los medios latinoamericanos, con honrosas y pocas excepciones, guardan silencio respecto al genocidio que han cometido las fuerzas armadas de Israel. Decenas, si no cientos, de periodistas latinoamericanos de a pie y propietarios de diarios y canales han sido y son sobornados, directa o indirectamente, por el lobby judío y por las embajadas estadounidenses. De ello existe harta documentación. Al sol se le tapa con un dedo en América Latina. Aquí no se le tapa pero todo sigue igual: Business as usual.


"La fatiga de los peones" (un artículo del coautor de éste) destacó la desobediencia civil y la objeción de conciencia que muchos soldados, pilotos y ciudadanos judíos practican en Israel. Ellos ejercen estos derechos con una valentía enorme, enfrentándose a una fuerzas armadas de destrucción masiva casi tan despiadadas como las de sus patrocinadores de Washington. Vaya para esos objetores de conciencia y heroicos desertores toda nuestra admiración y solidaridad. El pueblo judío, que no es el elegido de Dios, pero que ha sido odiado, perseguido y masacrado, no puede aceptar que la irracionalidad más pura lo termine de convertir en exactamente lo contrario. Estamos seguros de que algún día volverá a tocar la orquesta de músicos palestinos y judíos.


Creer que el genocidio puede hacer desaparecer a un pueblo es pensar que los pueblos no son humanamente eternos. Allí están palestinos, judíos y armenios para mostrar que sí son eternos, a pesar de sus asesinos.


Es absurdo o canallesco postular que el genocidio quebrará las corvas de los palestinos o que el terrorismo palestino derrotará a una de las máquinas de matar más grandes y viciosas de la historia. Postular una o ambas cosas es como afirmar que se puede ganar la Guerra contra las Drogas propiciada desde Washington, cuando en Estados Unidos se generan las grandes ganancias del tráfico de drogas, en nuestros países se afianzan los carteles, se terminan de corromper las fuerzas armadas y policiales, y el narcoterrorismo gobierna sectores claves de nuestro territorio. No escasean en Estados Unidos la cocaína peruano-colombiana ni la heroína importada de Afganistán. Los gobiernos de estos países son aliados confiables de Washington. No faltarán drogas para nuestros hijos. Tampoco precisas bombas de fósforo blanco para los palestinos y erráticos misiles iraníes para los israelitas. Hasta que digamos basta. Y para que lo dicho se vuelva hecho se necesita con premura la confraternización y la desobediencia civil de palestinos y judíos. Sus gobiernos no los representan sino que los obligan a morir y matar en aras de la sevicia con mascarón de Dios.

Marshall, Minnesota, 28 de enero de 2009

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